El
deterioro progresivo de los ecosistemas naturales comenzó sistemáticamente con
la revolución industrial; los avances logrados en la ciencia, la creciente
demanda de productos y servicios, la tecnología de transformación y el proceso
capitalista aceleraron cambios y efectos en la contaminación ambiental, así
como el agotamiento de recursos naturales....
Dentro
de este contexto y como producto de la interrelación existente en ese complejo
proceso sin fronteras entre producción, sociedad y recursos naturales, se
origina lo que han denominado globalización,
la cual intenta homogeneizar y controlar la vida y soberanía de todas las
naciones con el pretexto de la modernidad, aunque se genera por medios técnicos
y económicos, pero sin dudas, sus implicaciones son sociales, políticas, culturales
y ambientales, aunque hay varios puntos de vista, considero que ha promovido un
fenómeno compulsivo de destrucción y depredación de enormes recursos naturales,
fundamentado en un “progreso” que paradójicamente fomenta la eliminación de la
cultura y los valores del ser humano, sustituyéndolos por un irracional consumismo
y acumulación de bienes, es decir, de manera intrínseca, promueve y justifica
la destrucción del hombre por el hombre.
No
se puede ocultar que actualmente existe un nuevo escenario mundial, con
evidencias críticas similares y con una acentuada globalización de los
problemas cuya solución pareciera no estar a corto plazo, porque al mismo
tiempo que generamos contaminación, daños irreversibles y destrucción, se
pretende justificar un sistema de producción de riqueza que conlleva al incremento
constante de la pobreza y de la exclusión social en el ámbito de la sociedad.
Por
tal motivo, es necesario preguntarnos ¿Es el desarrollo sustentable una alternativa
viable en el marco de la globalización? ¿La globalización de los mercados
favorece un modelo mundial de desarrollo sustentable? ¿Cómo se puede promover
el desarrollo sustentable en el mundo, cuando la globalización ha generado
severas crisis?
La
crisis ambiental es producida tanto por el irracional consumo de un reducido
número de países “desarrollados”, como por el empobrecimiento creciente de los
países “sub-desarrollados” que han sido forzados por el modelo económico capitalista
a convertirse también en depredadores de la naturaleza para poder sobrevivir.
Además, no se puede pasar por alto, las incidencias directas que ha tenido
sobre las transformaciones estructurales, la imposición de la globalización
planetaria que han afectado de manera muy inequitativa la carga fiscal, las
tasas de interés en los créditos, el costo de bienes y servicios, y medidas
“legales” que condujeron a la privatización.
En
función a esto, la lógica capitalista se ha enfocado en conseguir más
beneficios en el corto plazo, sin considerar los costos sociales y ambientales
asociados. Realmente, el sistema de mercado aún no ha demostrado su capacidad
para definir prioridades sociales y ambientales y asignar eficientemente los
recursos a lo largo del tiempo.
Y
una prueba de ello, es que con la globalización, en lugar de invertir en
investigación y desarrollo o adquirir mejores tecnologías de producción (más eficientes
y menos contaminantes), varias empresas han optado por migrar a países donde
los salarios son más bajos y la legislación más débil (incluyendo la debilidad
legal en el ámbito ambiental), tal como está descrito en el párrafo anterior,
es la lógica capitalista perversa.
Lamentablemente,
a pesar de la suma de voluntades y resoluciones que se plasman en acuerdos
internacionales, declaraciones de principios y acciones sobre el desarrollo
mundial sustentable, presentados en diversas cumbres y reuniones de carácter
mundial, la gran verdad, aunque la mediática quiera ocultarla, es que la pobreza,
la enfermedad, la contaminación y el deterioro progresivo de los ecosistemas no
ha finalizado.
Por
consiguiente, es necesario encontrar un punto de equilibrio entre las
exigencias económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y
futuras, donde uno de los objetivos primordiales del desarrollo sustentable sea
la justa y equitativa distribución de los beneficios para la población.
Es
imprescindible que haya una postura diferente a la imposición de la corriente
clásica y concluyente del desarrollo sustentable, siendo esta una manera
distinta de concebir el mundo en sus conceptos y visiones, de tal manera que su
viabilidad en el marco de la globalización sea aceptable.
A
pesar de lo anterior, un nuevo movimiento está surgiendo nivel mundial con una
comunidad de nuevos valores, actitudes e intereses, en respuesta a las amenazas
producto de un modelo económico capitalista y mercado mundial neoliberal que
utiliza el desarrollo sustentable como fachada para querer imponer sus
principios, el cual parece destinado a destruir la humanidad. Sin embargo, se
ha encontrado con alternativas y proyectos portadores de una nueva visión, las
cuales han creado nuevos espacios que se han abierto para redefinir conceptos y
levantar las alertas.
Para
finalizar, ciertamente, existe altos niveles de incompatibilidad entre el
concepto de desarrollo sustentable y globalización, pero hay instrumentos
económicos y de regulación que pueden hacer de la globalización un proceso más favorable
al desarrollo sustentable. La lógica de mercado no contó con el agotamiento progresivo
de recursos naturales, ni con la posibilidad de la existencia de límites al crecimiento,
sin embargo, hay que hacer los ajustes correspondientes en función de hacer
verdaderamente viable el desarrollo sustentable, no convertirlo en una falacia
ni utilizarlo como instrumento de dominación de pueblos y países, mucho menos
aún como un principio teórico infalible, más bien, es un deber promover un
debate abierto sobre el tema en cuestión, sumando voluntades y esfuerzos
sinceros en la construcción de una plataforma sólida que apuntale el desarrollo
sustentable como contexto para detener el irracional consumo de los recursos
naturales y la anhelada salvación de la humanidad.
Referencias
Bibliográficas
- Ferrer, A. (1996). Historia de la globalización. FCE/Serie de Economía. Buenos Aires, Argentina.
- Pearce, D (1990), “Población, pobreza y medio ambiente”, Pensamiento Iberoamericano Nº 18.
- Toledo, C. (1992). “Polarización económica y desarrollo sustentable”. Revista Latinoamericana de Economía. Problemas de Desarrollo XXIII
Partiendo de esta idea se asume que un ambiente natural es aquel donde la mano del hombre no ha intervenido para modificar ninguna de las condiciones o características originalmente creadas, el ambiente lo es todo: aire, tierra, aguas, vegetación, animales, luz solar, animales y minerales, en conclusión el planeta es el macro ambiente por excelencia.
ResponderEliminarMsc. Naily Rivas